En un esfuerzo por reducir la dependencia europea de la soja importada y fomentar prácticas agrícolas más sostenibles, científicos de la Universidad Tecnológica de Chalmers en Suecia están investigando la viabilidad de utilizar pastos y trébol como fuentes de proteína. El proyecto busca establecer un modelo donde las biorrefinerías verdes puedan procesar esta biomasa local, creando concentrados proteicos para el ganado y otros productos de valor comercial, al tiempo que se mejoran las propiedades del suelo.
La presencia de praderas de pastos y trébol es habitual en explotaciones ganaderas en Suecia, pero su cultivo es menos común en las zonas predominantemente cerealistas. Los investigadores de Chalmers creen que las biorrefinerías verdes podrían cambiar este panorama al ofrecer una solución para convertir esta biomasa en productos rentables. Al separar la proteína de la biomasa fresca, se podría producir un concentrado que sustituya una parte de la soja que Europa importa para la alimentación animal. Este enfoque, desarrollado en parte a través del proyecto sueco-danés Green Valleys, conecta la diversificación de cultivos con la creación de una cadena de valor para la biomasa. Christel Cederberg, profesora de Sistemas Agrícolas Sostenibles en Chalmers, enfatiza que, aunque los beneficios agronómicos de incorporar pastos y trébol en los sistemas cerealistas son bien conocidos, la falta de un mercado atractivo para los agricultores ha sido un obstáculo significativo.
La integración de especies perennes como los pastos y el trébol en las rotaciones agrícolas interrumpe el ciclo continuo de cultivos anuales, lo que contribuye a mejorar diversas características del terreno. Los estudios han demostrado que estas plantas aumentan la materia orgánica, optimizan la estructura del suelo y promueven un desarrollo radicular más profundo. La función de las leguminosas en sistemas agrícolas diversificados ha sido observada en múltiples contextos, mostrando beneficios en la biomasa, el ciclo de nutrientes y la salud general del suelo. Sin embargo, la efectividad de estos resultados puede variar según las condiciones específicas de cada sistema. En las rotaciones de cereales, la inclusión de una pradera temporal implica destinar una porción de la tierra a estos cultivos durante un período. Cederberg explica que, en la práctica, los agricultores suelen optar por reemplazar el cultivo cerealista menos productivo o con menor margen económico. Esta diversificación también puede tener un impacto positivo en los cultivos subsiguientes, ya que las leguminosas modifican la disponibilidad y eficiencia del nitrógeno, reduciendo las pérdidas y alterando las necesidades de fertilización del próximo cultivo.
El componente financiero de esta propuesta se basa en transformar pastos y trébol en productos con valor comercial. En una biorrefinería verde, la biomasa recién cosechada se prensa para extraer una fracción rica en proteína que puede ser utilizada como ingrediente en la alimentación animal. El interés de los investigadores se intensificó después de que instalaciones piloto en Dinamarca demostraran la viabilidad de extraer proteína de pastos frescos. Göran Berndes, profesor de Biomasa y Uso de la Tierra en Chalmers, destaca que una de las principales oportunidades de este sistema es la capacidad de reemplazar parte de la proteína de soja importada. El proyecto Green Valleys ha sido fundamental en el desarrollo de esta cadena, con instalaciones de demostración en la escuela agrícola Sötåsen en Suecia y en la Universidad de Aarhus en Dinamarca. La búsqueda de fuentes proteicas alternativas es crucial para la producción ganadera, permitiendo disponer de materias primas que se puedan integrar en las raciones sin generar una presión productiva excesiva en otras regiones. En diversos sistemas agrícolas, el uso de leguminosas también se valora por su capacidad para aportar nitrógeno y optimizar el funcionamiento de las rotaciones.
La proteína es solo una parte del material procesado. Tras su extracción, queda un residuo fibroso que es esencial para la viabilidad económica y ambiental de las biorrefinerías. Tradicionalmente, estos residuos se han utilizado para producir biogás. Sin embargo, los investigadores de Chalmers exploran otras opciones, como la fabricación de biocarbón, textiles, productos de celulosa y materiales de base biológica. Un estudio de 2026 de este mismo grupo científico analizó distintos usos de estas corrientes fibrosas y concluyó que el destino final de los residuos puede afectar significativamente el balance climático del sistema. Esta capacidad de obtener múltiples productos de una misma cosecha es crucial, ya que permite distribuir el valor de la biomasa en diferentes mercados. Para los agricultores, la existencia de compradores estables para pastos y trébol sería una condición indispensable antes de reemplazar las superficies dedicadas actualmente a cereales.
La investigación cobra especial relevancia tras las condiciones climáticas del verano europeo de 2026, con olas de calor y un prolongado déficit de precipitaciones que impactaron negativamente en la humedad del suelo y las perspectivas de diversos cultivos. Los estudios agrícolas a largo plazo citados por el equipo de Chalmers sugieren que las rotaciones más diversas, especialmente aquellas que incluyen praderas temporales, pueden aumentar el carbono del suelo. Este incremento de materia orgánica mejora la estructura y la capacidad del terreno para retener agua. Sin embargo, este proceso es una estrategia a largo plazo y no una solución inmediata para una sequía específica. La acumulación de carbono y los cambios estructurales requieren años de manejo continuo y su magnitud varía según el tipo de suelo, el clima, la rotación y las prácticas agrícolas implementadas. La relación entre el uso agrícola y el almacenamiento de carbono también ha sido observada en sistemas sudamericanos, donde el manejo de pastizales mediante pastoreo rotativo favoreció una mayor retención de carbono en el suelo durante el período estudiado.
La expansión de estas praderas plantea la cuestión fundamental de la superficie agrícola: la tierra utilizada para pastos y trébol deja de producir temporalmente otros cultivos. Los investigadores analizaron este posible desplazamiento para determinar si la estrategia simplemente trasladaría la demanda de tierra a otras regiones. En un estudio previo, modelaron la introducción a gran escala de pastos perennes en rotaciones de más de 81,000 áreas en la Unión Europea y el Reino Unido. Al considerar tanto los cambios de rendimiento en otros cultivos como la sustitución de proteína de soja por proteína extraída de los pastos, el aumento adicional de la demanda mundial de tierra fue relativamente pequeño en los escenarios estudiados y, en algunos casos, incluso disminuyó. Los resultados también señalaron oportunidades para aumentar el secuestro de carbono, reducir la erosión y disminuir las pérdidas de nitrógeno hacia el agua. No obstante, los investigadores advierten que el balance global depende de qué producción de soja sea reemplazada, del efecto de las praderas en los rendimientos europeos y del uso final que reciban los residuos de la biorrefinería. Los beneficios de los cultivos de cobertura tampoco pueden extrapolarse automáticamente entre regiones y sistemas, ya que las investigaciones de campo han demostrado que sus efectos en las propiedades del suelo pueden variar según el sitio, la biomasa producida y el momento de su establecimiento.
A pesar de las promesas agronómicas, el modelo enfrenta importantes obstáculos económicos. La implementación de una biorrefinería exige una considerable inversión inicial, un suministro constante de biomasa, una infraestructura de procesamiento adecuada y una red logística eficiente para transportar material fresco, cuyo manejo varía con las condiciones de cosecha y el clima. La experiencia en plantas demostrativas ha revelado que la calidad del pasto y el trébol, el momento del procesamiento y el comportamiento del residuo fibroso influyen en el funcionamiento de toda la cadena. Los investigadores insisten en que no basta con una tecnología capaz de separar proteínas; es fundamental que la logística, la escala industrial y el modelo comercial también sean operativos. Los altos costos de inversión y la intensa competencia en mercados donde los precios de los alimentos y piensos son cruciales, dificultan actualmente el establecimiento de nuevas instalaciones. A esto se suma la necesidad de un marco regulatorio y económico lo suficientemente estable para justificar inversiones a largo plazo. El trabajo iniciado con Green Valleys continúa a través de nuevas iniciativas, como Land2Value, que integra socios noruegos. El objetivo es investigar de forma conjunta la producción agrícola, el procesamiento industrial y los posibles usos de los productos derivados, para determinar bajo qué condiciones la expansión de pastos y trébol puede generar ingresos para los agricultores sin sacrificar los beneficios de una rotación más diversa.
