Un innovador estudio de dos años se está llevando a cabo en el Reino Unido, impulsado por la empresa AgriSound y Hutton Scientific Services, afiliada al Instituto James Hutton de Escocia. Este proyecto se enfoca en la implementación de sensores bioacústicos e inteligencia artificial para evaluar la polinización en cultivos frutales. La finalidad es brindar a los productores y especialistas en mejoramiento genético datos precisos sobre el campo, lo que les permitiría identificar posibles deficiencias y tomar decisiones cruciales durante el periodo de floración. La iniciativa abarca cultivos como fresas, arándanos, frambuesas, moras y cerezas, reconociendo la complejidad de la polinización, donde la mera presencia de insectos no asegura una distribución uniforme ni una actividad adecuada en todas las flores.
El estudio empleará la tecnología de AgriSound, específicamente su plataforma de Polinización de Precisión y los sensores Polly. Estos dispositivos están diseñados para registrar las señales acústicas emitidas por los insectos y transmitir esta información a un sistema de inteligencia artificial avanzado. Este sistema se encarga de analizar los datos para estimar la intensidad de la actividad polinizadora en distintas áreas de los campos de cultivo. El objetivo va más allá de un simple conteo de sonidos; se busca desarrollar un sistema capaz de diferenciar y seguir el comportamiento de diversas especies de polinizadores, como abejas melíferas, abejorros, abejas solitarias y sírfidos, en diferentes tipos de cultivos y sistemas de producción. Al integrar varias especies, se podrá analizar si distintos grupos de insectos desempeñan roles complementarios durante la floración.
La importancia de la diversidad de insectos radica en sus diferentes patrones de visita floral y métodos de trabajo. Por ejemplo, los abejorros son conocidos por su capacidad de vibrar para liberar polen en ciertas plantas, un comportamiento clave que ha sido documentado en estudios sobre su rol en huertos y jardines. Factores como las condiciones climáticas, la hora del día y las características específicas del cultivo también influyen en la actividad de los polinizadores. Mediante mediciones continuas, se podrían identificar áreas con baja actividad de insectos, periodos de inactividad o variaciones entre diferentes variedades de plantas. Esta información detallada permitiría optimizar la ubicación de las colmenas, asegurar la sincronización entre la floración y la actividad de los polinizadores, y determinar la necesidad de intervenciones específicas, en lugar de aplicar una estrategia generalizada a todo el cultivo.
Para garantizar la fiabilidad del sistema, el monitoreo acústico se complementará con otras técnicas de observación, como etiquetas inteligentes, fotografía de lapso de tiempo, análisis de variables ambientales y evaluaciones del rendimiento del cultivo. Esta combinación de metodologías es crucial para afinar los algoritmos y minimizar los errores en la identificación de las señales. Los datos recopilados se compararán con métricas esenciales como el cuajado, el rendimiento y la calidad de la fruta. Esta fase es fundamental, ya que una alta actividad de insectos por sí sola no garantiza una polinización exitosa. El verdadero valor agronómico de esta tecnología residirá en su capacidad para establecer una correlación directa entre la actividad polinizadora y los resultados productivos verificables. Investigaciones previas han demostrado que el tipo de polinizador, la variedad cultivada y el diseño del campo pueden influir significativamente en los resultados. En el caso de las fresas, se han observado diferencias entre cultivares y en la efectividad de la polinización realizada por abejas melíferas, especies silvestres y visitantes nocturnos. Esta variabilidad subraya la necesidad de desarrollar planes de polinización específicos y adaptados a cada tipo de cultivo.
Actualmente, muchos productores dependen de observaciones visuales, recomendaciones generales sobre la cantidad de colmenas y experiencias previas para estimar sus necesidades de polinización. Aunque estos métodos son útiles, a menudo no logran captar las variaciones dentro de un mismo terreno o los cambios rápidos provocados por factores ambientales como la temperatura, la lluvia, el viento y la disponibilidad de flores. El monitoreo en tiempo real busca transformar estas diferencias en información práctica y utilizable. Si el sistema detecta una zona con baja actividad de insectos, el agricultor podría ajustar la posición de las colmenas, mejorar las condiciones del hábitat o asegurar una mejor coincidencia entre las variedades de plantas. No obstante, es importante destacar que las decisiones resultantes deben ser validadas en cada explotación agrícola, ya que el proyecto aún se encuentra en fase de investigación y no garantiza automáticamente un aumento en los rendimientos.
Esta tecnología se complementa con otras estrategias de gestión de insectos. En Argentina, por ejemplo, se ha explorado el entrenamiento olfativo de abejas para dirigirlas hacia cultivos específicos. Mientras esta estrategia busca influir en el comportamiento de los insectos, los sensores bioacústicos británicos se centran en medir su actividad para respaldar intervenciones fundamentadas. Sin embargo, la tecnología no sustituye la conservación del medio ambiente. Los sensores pueden identificar deficiencias, pero no generan alimento, refugio ni lugares de anidación. Un estudio que analizó más de 178,000 insectos en 19 países reveló que los polinizadores necesitan hábitats naturales de alta calidad dentro de los paisajes agrícolas, con requerimientos que varían considerablemente entre los diferentes grupos.
El Instituto James Hutton contribuirá con su vasta experiencia en genética de cultivos, mejoramiento vegetal y ciencia de la polinización. Sus investigadores examinarán cómo las características florales y la composición genética de las plantas influyen en la atracción de insectos y en la eficacia de la transferencia de polen a las flores receptoras. Esta investigación podría llevar a la selección de futuras variedades que combinen una alta productividad, una excelente calidad comercial y una mayor atracción para los polinizadores. El desafío reside en determinar qué atributos florales favorecen las visitas de los insectos sin comprometer otras características importantes como el sabor, la firmeza, la conservación, la resistencia a enfermedades o la adaptación a los sistemas de producción. Según Susan McCallum, genetista y mejoradora de frutos rojos, la integración de tecnología y análisis de datos puede proporcionar información invaluable tanto para los productores como para los obtentores. Casey Woodward, director ejecutivo de AgriSound, enfatiza la necesidad de transformar la polinización de un proceso basado en suposiciones a uno medible y útil para las decisiones agrícolas diarias.
Los resultados del proyecto deberán demostrar que las señales acústicas reflejan con precisión la actividad de diferentes insectos y que esta información es efectiva para mejorar la gestión agrícola. También será crucial evaluar los costos, la cobertura de los sensores, la conectividad, el mantenimiento y la facilidad de interpretación antes de que la plataforma pueda implementarse a gran escala. La importancia de este proyecto trasciende la simple adición de más colmenas. Estudios sobre la disminución de poblaciones de insectos sugieren que las abejas melíferas pueden mitigar algunas pérdidas de productividad, pero no pueden reemplazar la diversidad funcional de los polinizadores silvestres. La agricultura de precisión podrá cuantificar mejor el servicio de polinización; sin embargo, su conservación a largo plazo dependerá fundamentalmente de la gestión del cultivo y del paisaje circundante.
